Para descorchar una botella de vino tranquilo, la sujetamos firmemente apoyándola sobre la mesa o bien sosteniéndola en el aire. Si estamos en compañía, procuraremos encarar la etiqueta hacia las personas con las que compartimos mesa.
A continuación, extraemos la navaja del sacacorchos y simplemente girando la muñeca, sin mover la botella, cortamos la parte de la cápsula que queda por debajo del gollete, la retiramos y limpiamos el cuello. Por lo general, el cuello de la botella que contiene un vino joven debe estar limpio pero, en el caso de los vinos con cierta edad, es posible que haya rezumado un poco de caldo a través del corcho, puesto que durante su almacenaje la botella permanece acostada. Por eso, cuando limpiamos el cuello de la botella nos aseguramos de que, en el momento de servir, no haya restos de vino que acaben en la copa.
Seguidamente, clavamos el tornillo del sacacorchos justo en el centro del corcho con la palanca siempre mirando hacia nosotros. El corcho suele tener una longitud de entre 4,5 cm y 5 cm, pero como esto no podemos apreciarlo a simple vista, daremos al sacacorchos tres vueltas completas, de manera que la palanca acabe encarada hacia nosotros. De este modo, no tendremos que girar la botella o hacer posturas incómodas para sacar el corcho.
Por último, tiramos de la palanca hacia arriba y, sujetando la botella con firmeza, movemos el sacacorchos lentamente y con cuidado hasta que el corcho acaba de salir sin hacer ruido. Finalmente, lo ponemos en un plato y lo presentamos, limpiamos de nuevo el cuello de la botella, y ya tenemos el vino listo para servir.